La confianza, se fue…

Maikel Rodríguez
Maikel Rodríguez

La confianza, se fue…

Estoy en el bar, mirando la plaza Wappers. Está tranquila la plaza. El pueblo está de vacaciones. La ciudad se vacía por estas fechas. Una brisa levanta las hojas y refresca el interior. Hace casi 3 meses que no cae un buen aguacero en la ciudad. Atípico. Lo normal es que no pare de llover.
Así, observando los carros pasar, los vecinos que sacan a pasear a sus perros y a las hormigas embriagándose con las gotas de vino que caen encima de la barra me asalta una duda: ¿Pa qué pinga regreso pa Cuba?

Le doy mil vueltas a la pregunta. La ordeno, la desordeno; la canjeo por miedos; la revendo. Cierro los ojos y me doy una vueltecita por la mesa redonda de ayer. Y termino con la misma queja de siempre: la confianza.

La confianza ha sido siempre « la base de todo », no la limonada. Desde los fenicios, el contrato comercial más importante (verbal) era la confianza. El intercambio comercial resultaba por la confianza entre los actores. El dinero, el papelito, reposa en la confianza que le tenemos a los tenedores de papelitos. La confianza es la antesala del éxito emocional, ahí donde estamos seguros. Es poder. Es precisamente la confianza que tenía el pueblo en Fidel Castro lo que hizo de él un líder. Fidel hizo que la Cuba de los años 60 se sintiese segura. Una Cuba que hoy romantizamos pero que estaba también muy lejos de la Cuba que aún mucho queremos.

Maikel Rodríguez, emprendedor cubano

Para que una ciudad prospere, sus ciudadanos deben creer en ella, confiar en ella. Confiar en que la riqueza que ahí se creerá, será repartida. Así es desde los tiempos de Ur. Hace 3800 años, en Ur se entendió la necesidad de crear riqueza y repartirla. Era una ciudad-civilización (casi la primera) que entendió la importancia de la distribución, con una clase media generalizada y mobilidad social. Era una ciudad atractiva y próspera. Ur, hace 3800 años. Hoy, un puñado de siglos despues, todos somos Ur. Nuestra cultura, nació ahí. Desde la escritura hasta las matemáticas.

Hace 7 años, cuando empezaron las reformas, decidí que dejaría mi país de adopción detrás. Al menos abrazaría la idea de regresar a mi ciudad, La Habana, que me llamaba. Aires nuevos soplaban. Se restauraba la confianza a pesar de no pedir perdón por muchos errores y atropellamiento. « La Continuidad» es soberbia. No se equivoca. Muchos de mis amigos me creían loco. « ¿Por qué te vas? ¿Y si te quitan el negocio? ¿Y si no te dejan salir mas?». Confié. Pero lo hice porque necesitaba estar en una zona segura y para mi Cuba lo es. Volví loco a unos cuantos diciéndoles que tenían que confiar en que las cosas mejorarían. ¡En que vendrían cambios buenos (nueva Constitución, Ley de Pymes, actualización de TCP, llegada de internet) : qué de malo podría salir de todo eso! Fui feliz. Esos 4 años que viví en Cuba cuando regresé emancipado y dueño de mi tiempo, fui muy feliz. Vi prosperar a amigos cercanos y decir a algunos que no se irían.

Y me fui. Y terminé yéndome una vez más con la confianza entre las patas, esta vez la confianza se fue para siempre.

Maikel Rodríguez

Y me fui. Y terminé yéndome una vez más con la confianza entre las patas, esta vez la confianza se fue para siempre. Tuve que regresar a ese lugar que dejé, que también amo, pero que dejé para regresar donde una vez fui feliz. Me fui con las letras de Haydée Milanés y Raúl Paz. Me fui con el discurso oxidado de joven de izquierda que creyó que en Cuba se crearía una sociedad más justa. Los jóvenes, se van todos. La continuidad es inversamente proporcional a la confianza. La Revolución de ayer se convirtió en un meme. La destrozaron. La Continuidad es enemiga de la evolución. La Revolución de ayer murió. Le sobrevive el PCC, envejecido y esclerótico.

Hoy, a pocos días de regresar de nuevo, pero esta vez sin esperanzas de ver el país que quería construir, me pregunto: ¿pa qué pinga regreso?

Pues, aterrizo y me respondo ordenando mi desorden emocional y canjeando lágrimas por sonrisas devaluadas. Regreso porque quiero ver envejecer a mi madre. Porque quiero curarle la herida en el pie a mi novio y estar para la operación de mi perro. Quiero ver, poco a poco, como van cayendo en « jaque-mate » a todo el que trafica con el dolor ajeno. Porque quiero, simplemente quiero, que se vayan ellos.

Tomado del perfil personal de Maikel Rodriguez

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