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La luz de siempre

Resumen

Historia, arquitectura, mitos y leyendas, hechos, paisaje y la
laboriosidad de su se unen para entregar la obra única, a tamaño
real, una suerte de encanto prodigioso y hasta cierto punto mí­stico: la
villa Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, la Primada de en su 500 cumpleaños.

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Historia, arquitectura, mitos y leyendas, hechos, paisaje y la laboriosidad de su gente se unen para entregar la obra única, a tamaño real, una suerte de encanto prodigioso y hasta cierto punto mí­stico: la villa Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, la Primada de Cuba, que   cumple 500 años de fundada por los conquistadores españoles

Si la luz de la vida intensa emerge de las calles, los parques, los rincones que en ocasiones pasan inadvertidos, y sobre todo de gente humilde y emprendedora, entonces es genuina y brilla por su singularidad. Así­ ocurre en Baracoa, la Ciudad Primada, fundada hace hoy 500 años por Diego Velásquez, a quien llamaron El Adelantado.

“La felicidad no consiste en tener lo que quieres, sino en querer lo que tienes”, dijo alguien hace mucho muy acertadamente, y los baracoenses lo hacen realidad al adorar su villa, porque son felices con los amaneceres que llegan como ángeles aparecidos en medio de la bahí­a; con el curso sublime de las aguas de los rí­os Miel, Toa y Duaba; los Tibaracones que se forman por la acumulación de arena, palos arrastrados y sedimentos en los puntos donde las corrientes naturales besan al mar; sus varios fuertes que dan aún sentido de seguridad plena hasta el horizonte, el cacao y los cucuruchos de coco únicos; la Cruz de Parra traí­da por Colón y que está resguardada en la Iglesia Parroquial, y las ocho formas originales de cantos, siete de ellas consideradas células primarias o variantes del son cubano.

Pareciera que allí­ el tiempo quedó detenido como en el cuadro preferido de un gran pintor que logra a través del arte dejar “congelada” la extraordinaria belleza de la región. Lo real maravilloso deslumbra al visitante y encanta cotidianamente al lugareño. Por siglos le han cantado poetas y trovadores. No es para menos.

La primera villa cubana, fundada el 15 de agosto de 1511, combina magistralmente la arquitectura colonial con los singulares y mí­sticos valores naturales de su entorno y los destellos de una nueva vida, un tanto más moderna, reflejada en edificios multifamiliares y construcciones contemporáneas.

Laboriosos

“Los baracoenses son laboriosos. Lo demuestran todos los dí­as en los campos y centros de trabajo. Después del paso destructor del huracán Ike (miércoles 17 de septiembre de 2008), la población no tuvo un minuto de descanso para restablecer lo perdido y gracias a eso la ciudad volvió a ser lo que siempre fue”, afirma Onel Navarro Guilarte, secretario general de la CTC en ese municipio.

“La vida aquí­ está muy ligada al coco y al cacao, los que unidos al café y a la explotación forestal forman los renglones más importantes de la economí­a local”, agrega el dirigente sindical.

“Con motivo de la celebración de los 500 años se ha laborado mucho y de manera intensa en una decena de obras de carácter social que se han reparado y mejorado, como el Fuerte Matachí­n, donde está ubicado el Museo Municipal; la clí­nica estomatológica de especialidades, la cremerí­a El Cocal, la casa de la cultura, el centro polideportivo y el mercado Ideal, entre otras. Las labores han sido ejecutadas por los propios trabajadores, con el apoyo de fuerzas especializadas en los casos que las han necesitado”, precisa.
El centro polideportivo, especí­ficamente, surgió en un área que resultó devastada por la penetración del mar de leva en septiembre de 2008, donde antes existió un cí­rculo infantil. Ahora los baracoenses motivados por el ejercicio fí­sico podrán practicar voleibol, voleibol de playa, baloncesto, balonmano, fútbol sala y salto largo.

La clí­nica estomatológica especializada fue objeto de una reparación total. Se mejoraron el techo y enchaparon con lozas de cerámica las paredes para favorecer la higiene y limpieza. En ella podrán ser atendidos 17 mil 924 pobladores de 13 consultorios del Médico de la Familia.

El cucurucho

Si algo material identifica a Baracoa es el cucurucho de coco envuelto en yagua. Su singular aspecto y delicioso sabor lo hacen único e irrepetible y muy apetecido. Acercarse a su producción significa descubrir que con pocos recursos y mucha voluntad pueden lograrse realizaciones muy valiosas, singulares y de alta calidad.

Marta Costa, jefa de brigada, lleva 20 años en la fábrica, ubicada en la periferia de la ciudad. Ella explica que, como se conoce, el contenido principal, la base, es el coco, pero se le agrega mango, fruta bomba o mamey, según la época del año.
“La yagua es cepillada, lavada bien y cortada en forma rectangular. Después de seca se hacen los conos, que son llenados manualmente y amarrados con los tipes (en otras regiones del paí­s les llaman ariques)”, agrega Marta.

Previamente, según pudimos apreciar, un trabajador al que llaman descarapachador, con un machete y la habilidad que solo la experiencia puede aportar, separa la concha de la masa del coco, la que es después molida en una máquina y cocida en calderos grandes por otros tres obreros, quienes la mueven con unas largas paletas de madera hasta que alcanza el punto requerido.

En una jornada de ocho horas pueden fabricar más de 500, los que se ofertan en la red comercial del municipio y tienen una altí­sima demanda. Pero de poder contar con más materia prima (coco fundamentalmente) lograrí­an aumentar la producción y extender la oferta a otros lugares del paí­s donde los reclaman mucho.

Con sano orgullo, Marta dice al despedirnos: “Acaban de estar en la única fábrica de cucuruchos en el mundo”.

A partir de la Naturaleza

En el taller de artesaní­a perteneciente a la Empresa de Industrias Locales bien pudieran colocar un gran cartel con la frase de una canción de Silvio Rodrí­guez: “Sólo el amor convierte en milagro el barro”.

Y no es porque utilicen precisamente ese material en la confección de objetos nacidos de las manos y el arte, sino porque emplean lo que la Naturaleza regala: conchas de coco, semillas diversas, bejucos de Macusey, hojas de almendros, bellotas de casuarina…, hasta sumar más 200.

De las manos de Ofelia, Ana, Zulema y Nieve, que son algunas de las fundadoras, y de otros trabajadores salen verdaderas maravillas: muñecos rumberos en pequeña escala, cestas para frutas y otras confecciones tejidas, carteras, figuras, creaciones con naturaleza muerta…

“Nuestra artesaní­a ha llegado a México, Panamá, España, Francia y República Dominicana. Con este último paí­s hemos hecho convenios de exportación. Les presentamos los diseños, los especialistas de allá los evalúan y aprueban y los realizamos de inmediato”, precisa Isidro Durán Frómeta, jefe de taller.

“En estos momentos hacemos una producción especial con motivo del aniversario 500 de la fundación de Baracoa”, agrega.
“A veces presentamos dificultades con la llegada de la materia prima, pues muchas hay que recogerlas en lugares intrincados y distantes y se necesita transporte que en ocasiones no se dispone por varias causas, pero podemos terminar el año con el plan de producción cumplido”, señala Isidro.

Junto al taller donde se confeccionan y dan los toques finales a las artesaní­as funcionan además los de beneficio de la materia prima y de carpinterí­a y tornerí­a, los cuales constituyen la base logí­stica de las realizaciones.

De allende los mares

A Baracoa llegó un dí­a desde el viejo continente Magdalena Menasses -o Meneses- Rovenskaya, quien fue la propietaria del hotel La Rusa y, según aseguran los investigadores, la inspiradora de uno de los personajes de la novela La consagración de la Primavera, de Alejo Carpentier.

Y mucho antes lo habí­a hecho la suiza Enriqueta Faber, en franco desafí­o a las leyes humanas y divinas, pues fue la primera mujer que ejerció la en la Isla, cuando este derecho era solo privativo de los hombres. Fueron muchos sus tropiezos y el sufrimiento debido a demasiados vejámenes.

Quizás como un seguidor de esas “baracoenses adoptivas” llegó en la mitad de la década de los años 90 del pasado siglo Kristo Dzuteski, nacido en Macedonia, región histórica en la parte centro-sur de la pení­nsula de los Balcanes, en el sureste de Europa, quien decidió desde hace 13 años establecerse en Baracoa.

 â€œEl mayor privilegio que tengo es vivir en esta ciudad”, asegura quien también resolvió “buscarse la vida” como trabajador por cuenta propia en la venta de alimentos, en plena calle.

“Mi padre era un combatiente revolucionario –recuerda-, y desde niño me inculcó la inclinación polí­tica hacia la izquierda. Temprano conocí­ de la Revolución cubana, de Fidel Castro y del . En 1994 pude venir por primera vez. Me enamoré en esta tierra y tuve a mi hija Kristina, que tiene 12 años y es el sol de mi vida.

“En el proceso revolucionario cubano siempre hay una solución para cada problema. Por eso estoy plenamente identificado con él. Soy trabajador por cuenta propia con todos mis papeles en regla y afiliado al Sindicato del Comercio, la Gastronomí­a y los Servicios.

“Junto con un amigo suizo iniciativas en favor de la liberación de los Cinco héroes cubanos presos en los Estados Unidos. Son pequeñas acciones, pero las consideramos importantes porque es nuestro aporte a esa causa. Me he empeñado en que en Internet se conozca la verdad del caso y le he enviado cartas al presidente Barak Obama en cinco idiomas reclamando la inmediata liberación de los luchadores contra el terrorismo que mantienen encarcelados injustamente”, manifiesta Kristo.

La cuna

Esa es la Baracoa que también fue testigo de la hidalguí­a del cacique Hatuey, de la valiente y segura lanza de Guamá, del desembarco de los hermanos Maceo junto con Flort Crombet y otros patriotas el 1 º de abril de 1895 en aquella goleta de nombre generoso: Honor.
 
También fue escenario de las protestas contra el latifundio y las vejaciones cometidas por las compañí­as bananeras, de la incorporación de sus hijos a las fuerzas del Ejército Rebelde y a la defensa plena del socialismo cuando los mercenarios intentaron desembarcar por costas baracoenses el 15 de abril de 1961 en la denominada operación Marte, frustrada por la dignidad y la hidalguí­a.
 
La Primera en el Tiempo se eleva por derecho propio llena de luz, con     alas de oro para iluminar un archipiélago que la identifica como la raí­z, la cuna de lo que somos, lo autóctono, ahora con cinco siglos simbolizados, de alguna manera, en la anciana Eustaquia que celebró el domingo sus 95años y en aquel niño que jugaba ayer en la mañana sobre el muro del Malecón sin saber aún que él es ya parte del futuro de la Villa Primada, la que esperará llena de magia, tranquila y seductora, que dentro de 500 años sus hijos le celebren el mileno de haber sido fundada.

(Nota: agradecemos el apoyo brindado para la realización de este material por las direcciones de la CTC en Guantánamo, y sobre todo, en Baracoa)

Fuente: Trabajadores

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