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Boca de piano es más que un show

Fausto Mata, a quien muchos en Cuba conocen por su personaje de Genaro en la película Sanky Panky. Foto: Yander Zamora

La espera es larga, desoladora, casi solemne. Faltan pocos minutos para la hora pactada y voy perdiendo la esperanza de lograr la entrevista. Miro nuevamente el re­loj y de repente lo tengo delante, surge como de la nada saludando a todos con una cordialidad poco usual. Usa un saco rojo y, a pesar de su pequeña estatura, su diminuta composición, se distingue del resto por esa enorme y singular sonrisa que allá en la República Dominicana le granjeó el apodo de Boca de piano.

Fausto Genaro Mata es un co­mediante, un actor cuyas interpretaciones nos han calcado la risa en el rostro, una persona que persigue la superación, que como todo buen artista siempre está en perenne estado de inconformidad, pero —en primer lugar— es un profesional inteligente con la pasmosa virtud de ser campechano y serio a la vez, cuando de trabajo se trata.

—¿Primera vez en Cuba?, le pregunto.

—Sí y lamento que sea ahora con 42 años. Debí venir antes, cuando era más joven, porque la experiencia de conocer Cuba, sus habitantes, su cultura, su , creo que cada ser humano debe vivirla. Llevo tres días aquí desconectado de mi Patria y siento que estoy en una esquina de mi país, contesta Fausto a quien conocemos en Cuba por su participación en películas como Sanky Panky, Perico Ripiao, I Love Bachata y Feo de día, lindo de noche.

—Aquí eres muy popular y estoy segura que el público quiere saber un poco más de ti. Tengo entendido que estudiaste informática, ¿cómo llegaste al mundo de las artes escénicas?

—Yo soy el ejemplo de una persona que estuvo mucho tiempo ha­ciendo la carrera equivocada. Desde pequeño siempre quise ser actor pero me tocó, por el nivel económico, estudiar una carrera que llevara el pan a la . Mi familia no quería que fuera actor, no entendía que el trabajo del ac­tor fuera serio.

“Estudié seis años informática, me hice técnico analista de sistema y faltando cinco materias para ha­cer­me licenciado, un amigo me propuso hacer un curso taller de seis meses en la Escuela de Bellas Artes. Cuando fui a la escuela me di cuenta de que yo no era negro, no era feo, ni pequeño, era simplemente un ser humano estudiando algo que le gustaba, en un lugar donde te aceptaban tal y como eras.

“Me enamoré de la carrera, esos seis meses se convirtieron en seis años. Me hice actor en la Escuela de Arte Dramático e incursioné en la televisión, que es muy difícil para una persona de teatro, al menos allá en Dominicana. Por eso siempre he dicho que no soy el más talentoso, ni el mejor comediante, pero tengo la suerte de que lo que hago le gusta a la gente”.

—Ahora que mencionas la te­le­visión, háblanos un poco de tu programa.

—Se llama Boca de piano es un show. El cubano no me conoce con ese apodo, pero como yo siempre he sido muy alegre hubo un comediante que me dijo tú no te cansas de reír y tienes los dientes como si fuera el teclado de un piano, tú eres Boca de piano. Cada vez que decían eso en la TV la gente se reía y así se quedó el nombre. Entonces cuando me hicieron la propuesta del programa, que ya tiene cinco años y está entre los primeros de audiencia televisiva, le dejamos el nombre con el que el público me ha bautizado.

—Has incursionado en la co­media pero, ¿te veremos alguna vez en el género dramático?

—Hay una película que viene en camino que se llama Misión 809, que es mi primera incursión ci­ne­ma­tográfica en el género dramático. Es un experimento que está ha­ciendo un director joven que se lla­ma José María Cabral. Ese mu­chacho decidió que un co­me­diante hiciera un drama. No hay cosa más seria que un comediante, nosotros podemos trabajar en todos los gé­neros aunque mu­cha gente a ve­ces se encasilla.

“Yo vengo del género dramático pero he tenido que defender mu­cho el humor porque entiendo que ha sido lo que me ha proyectado internacionalmente.

“Soy una máquina de trabajo —agre­ga— si me quieren en acción, en drama o en humor ahí estaré. El cine se aprende haciendo y ahora tenemos un cine na­ciente en la República Domi­ni­cana, lo cual nos permite hacer muchas cosas. El Estado ha podido subsidiarnos y protegernos con la Ley de Cine”.

—Has sido elegido cuatro ve­ces como Comediante del Año en Dominicana, lo cual corrobora el prestigio que has ganado como humorista. ¿Cuáles son las cualidades que consideras debe tener un comediante?

—Humildad y poder de observación. Debemos ser sociólogos y mantenernos en contacto con nuestras raíces. El comediante que se desconecta porque consiguió elevar su nivel económico y considera que no puede mezclarse con la gente no llega a ninguna parte.

“Algunos críticos son incisivos con el género porque entienden que eso no es arte, pero tenemos el don de hacer feliz a la gente. Los humoristas tratamos de hacer reír al pueblo aunque muchos de no-sotros no seamos felices.

“La gente no conoce el otro rostro del comediante, es una máscara que se coloca dependiendo del mo­mento que tenga que utilizarla. Somos personas algunas veces infelices como en mi caso que, en pleno apogeo de mi carrera, murió mi madre que era mi mano derecha.

“Nosotros somos el producto de lo que la gente quiere. Tenemos que tener el oído en el interés de la mayoría y nutrirnos de todo lo que pasa. Eso sí, no hago nada que riña contra la cultura de nadie. Mis trabajos los pueden ver hasta los niños. Ojalá que la salud y la edad me permitan hacer trabajos que sean interesantes para un público que ansía reírse”.

—¿Tendremos la oportunidad de verte en teatro alguna vez?

—Espero que así sea. Yo hago mucho teatro en mi país y me gustaría traerlo acá. Por lo pronto ya tengo una propuesta de los mu­chachos de la Escuela Inter­nacional de Cine de San Antonio de los Baños para filmar un corto y estoy en toda la disposición de codearme con esa juventud que tiene tantas ganas de hacer cosas interesantes.

—Bueno, casi se agota el tiempo y afuera del cine hay un montón de gente que quiere verte y hacerse una foto contigo. ¿Pien­sas regresar?

—Claro que quiero regresar y venir de incógnito, no sé si dejarme crecer la barba o camuflarme porque quiero compartir con el cubano en pleno y que no se dé cuenta que estoy colocado ahí en su estado natural.

“Los y los dominicanos tenemos muchas cosas en común. Me dicen que los santiagueros son muy parecidos a nosotros. Los do­minicanos somos muy pintorescos cuando hablamos y he podido no­tar que los códigos del lenguaje mu­chas veces son los mismos.

“Numerosas personas se me han acercado para tirarse una foto conmigo en el celular y para mí que me coloquen en ese museo emocional, en ese dispositivo donde uno guarda una foto de la familia, es un honor”.

*Granma inaugura Telón de Fon­do, sección de entrevistas a per­­sonalidades de las artes escénicas, el cine, la radio y la televisión, tan­to cubanas como extranjeras.

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