Joya con brillo cubano
El sol, el mar, su país, en el medio centenario del debut escénico de una de las Cuatro Joyas de nuestra máxima compañía danzaria, el Ballet Nacional de Cuba
El bis cómico que desplegó en protagónicos como el de La fille mal gardée viene a la mente cuando la oímos decir, en broma, que ahora tiene 50 años de existencia.
Y al recibir el ramo de flores que le ofrecieron en la conferencia de prensa organizada para intercambiar opiniones sobre los inicios de su vida profesional, hizo una gran reverencia, como cuando terminaba de bailar Giselle o El lago de los cisnes.
Tan buen ánimo no le impidió a Aurora Bosch confesar que cuando se retiró del escenario mucho extrañaba los aplausos del público, la orquesta afinando, las grandes cortinas abriéndose y cerrándose:
“Pero lo que pude hacer lo hice al máximo, y eso me hace sentir muy feliz. Si volviera a nacer sería bailarina”, ha dicho una de las Cuatro Joyas del Ballet Nacional de Cuba (BNC), quien junto a Josefina Méndez, Loipa Araújo, y Mirta Pla (fallecida en 2003), brilló en un arte de gran complejidad técnica, altamente estilizado.
Aurora Bosch en la interpretación del Cisne Negro: “Los clásicos fueron, son y serán la prueba de fuego de cualquier bailarín”.
A pesar de que en su casa no existía idea de lo que era el ballet, su abuela tuvo la sensibilidad de llevarla a hacer las pruebas de captación cuando un día, en los años 50 del siglo XX, “salió en un periódico la convocatoria de 30 becas para niños de escasos recursos económicos, en la Academia de Ballet Alicia Alonso”.
Finalmente, el 15 de noviembre de 1956 Aurora hace su debut escénico, en la prestigiosa compañía fundada por Alicia y Fernando Alonso, integrada al cuerpo de baile de Las Sílfides, de Fokin, en el teatro Sauto, de Matanzas.
Se trataba de la última de las funciones de la gira de desagravio en protesta contra la determinación de la dictadura de Fulgencio Batista de retirarle al Ballet de Cuba la insuficiente ayuda que recibía del Estado. Y aunque recesa posteriormente sus actividades, las futuras Cuatro Joyas participan, junto a Alicia, en presentaciones en los Estados Unidos que las mantienen en acción, además de integrarse al Teatro Experimental de Danza de la Academia, donde Aurora comienza su labor profesoral.
Escoger los talentos entre toda la población, educar a sus bailarinas como profesoras, maitres, ensayadoras. En tal forma de actuar de los Alonso se observa su apreciación del ballet como disfrute espiritual del pueblo cubano, a su vez fuente nutricia de una manera propia de bailar que se consolida en la primera década del triunfo de la Revolución, con el descubrimiento de la escuela cubana de ballet. Y encuentra reconocimiento mundial en los concursos internacionales de ballet de Varna, Bulgaria, donde Aurora Bosch obtiene medalla de plata (1965) y de oro (1966)
Es también en 1966 cuando, en funciones del ya Ballet Nacional de Cuba (BNC) en Francia, la Universidad de la Danza le otorga a Aurora Bosch el Premio Ana Pávlova por su interpretación de la Reina de las Willis, del ballet Giselle, la cual sentó pautas a tal punto que los escritores y críticos de la danza de la capital francesa crearon para ella un galardón especial, “un premio que antes no existía”.
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